Durante la universidad comencé a leer Demián porque supe del libro porque estaba leyendo las fotocopias de Filosofías del Underground de Luis Racionero. Ambos libros tuvieron un impacto en mi pero nunca terminé de leer Demián y se lo regalé a Cristina Otalora quien lo devoró.
Hace dos días, Juan me copió este artículo del blog www.cuerpomente.com intitulado Hermann Hesse y su reflexión inesperada sobre el cambio personal: "El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo
Me gustó el escrito y decidí hacer un corte y pegue reconociendo los respectivos créditos. Retiré el primer párrafo. Acá les dejo.
Una generación en busca de sentido
Ese mismo viaje lo recorrió mucho antes Emil Sinclair, protagonista de Demian, la novela que catapultó al alemán Hermann Hesse como una de las voces más influyentes de la literatura del siglo XX. Publicada en 1919, Demian nace en medio de los escombros de una Europa devastada por la Primera Guerra Mundial.
Millones de jóvenes alemanes habían partido al frente convencidos de que servían a una causa noble, construida en torno a los valores de la patria, el honor y el sentimiento nacional. Valores que, hasta entonces, definían su identidad.
Pero la guerra llegó a su fin y tras la derrota alemana en ese frío invierno de 1918, miles de soldados emprendieron el camino de vuelta a casa vacíos por dentro, incapaces de encontrar un sentido a los ideales por los que habían combatido. Unos ideales que habían quedado enterrados en las trincheras del frente.
Así, la Gran Guerra no solo se llevó por delante millones de vidas humanas, sino que también hizo añicos las grandes certezas de toda una generación. Muchos dejaron de confiar en el discurso político y en Dios. Necesitaban darle un nuevo sentido a sus vidas. En ese contexto lúgubre, físico pero también espiritual, Hesse le puso voz a la desesperación colectiva para erigirse como guía hacia una nueva búsqueda interior.La vigencia de una vieja metáfora
Décadas más tarde, entre los años sesenta y setenta, la novela vivió un segundo renacimiento al convertirse en una obra de culto para la contracultura estadounidense. Compartía estanterías con autores como J. D. Salinger o Jack Kerouac y fue adoptada por los hippies como un manifiesto sobre la libertad individual y la búsqueda de la propia identidad.
Más de un siglo después de su publicación, junto a muchas otras novelas, Demian espera paciente en las estanterías de bibliotecas y librerías de todo el mundo. Pero hoy le vamos a quitar el polvo para adentrarnos en ella, deteniéndonos en una frase en concreto:
"El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo."
El encuentro con uno mismo
A simple vista, la imagen del pájaro y el cascarón parece una pintoresca y semivacía metáfora que nos habla de algo así como el crecimiento personal. Pero la cosa va mucho más allá. Ese cascarón representa todo aquello que nos protege y, al mismo tiempo, nos limita. Habla de nuestra identidad, y a su vez de nuestra existencia.
El cascarón simboliza la educación que hemos recibido, las expectativas familiares, las convenciones sociales, las creencias heredadas y las etiquetas con las que aprendemos a definirnos. Mientras permanecemos dentro de él, estamos seguros. Pero también encerrados.
La sombra también forma parte de nosotros
Cuando Hesse escribió Demian, atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Marcado tanto por los horrores de la guerra como por el fallecimiento de su padre, la enfermedad de su hijo y la crisis esquizofrénica de su mujer. Sumido en una profunda depresión, se trasladó a Suiza, donde inició un proceso terapéutico con Joseph Bernhard Lang, discípulo directo del psiquiatra Carl Gustav Jung.
Las sesiones de terapia con Lang le abrieron las puertas del inconsciente, y su manera de entender el ser humano cambió para siempre. Hesse descubrió que los mayores monstruos, así como los mayores héroes, no habitan en el mundo exterior, sino en nuestro interior. Así, la concepción judeocristiana del bien y el mal saltó por los aires.
En Demian, ese viaje espiritual no conduce al Dios tradicional, sino hacia Abraxas, una figura procedente del gnosticismo que simboliza la unión de los contrarios. Para Hesse, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la razón y el instinto conviven en el interior de cada persona.
Por eso, intentar ocultar nuestra parte más oscura no la hace desaparecer, ya que siempre latirá en nuestro interior. En la misma línea se sitúa Jung cuando afirma que "uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad".
Por eso la propuesta de Hesse es completamente revolucionaria. El escritor alemán nos invita a integrar nuestras sombras, en lugar de eliminarlas. Solo quienes aceptan todas las partes de sí mismos pueden aspirar a convertirse en quienes realmente son, o como decía Carl Rogers, padre de la psicología humanista "solo cuando te aceptas puedes cambiar lo que no te gusta".
El coraje de romper el cascarón
No es casualidad que la influencia de Jung atraviese toda la novela. Ambos compartían la idea de que la verdadera madurez consiste en dejar de vivir según las expectativas ajenas para construir una identidad propia. Como escribió el propio Carl Jung, "quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta". Una frase que resume a la perfección el viaje de Emil Sinclair, el protagonista de Demian.
Porque el auténtico enemigo nunca es el mundo. Es el miedo a descubrir quiénes somos realmente. Salir del cascarón nunca resulta cómodo. Implica cuestionar las ideas con las que crecimos, revisar nuestras creencias, decepcionar expectativas ajenas e incluso aceptar cierta soledad.
Toda transformación exige renunciar a una versión anterior de nosotros mismos. Por eso Hesse afirma que, para nacer, primero hay que destruir un mundo. Y es que no podemos construir nuestra identidad únicamente sobre lo heredado.
Cuando Hesse escribió Demian, atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Marcado tanto por los horrores de la guerra como por el fallecimiento de su padre, la enfermedad de su hijo y la crisis esquizofrénica de su mujer. Sumido en una profunda depresión, se trasladó a Suiza, donde inició un proceso terapéutico con Joseph Bernhard Lang, discípulo directo del psiquiatra Carl Gustav Jung.
Las sesiones de terapia con Lang le abrieron las puertas del inconsciente, y su manera de entender el ser humano cambió para siempre. Hesse descubrió que los mayores monstruos, así como los mayores héroes, no habitan en el mundo exterior, sino en nuestro interior. Así, la concepción judeocristiana del bien y el mal saltó por los aires.
En Demian, ese viaje espiritual no conduce al Dios tradicional, sino hacia Abraxas, una figura procedente del gnosticismo que simboliza la unión de los contrarios. Para Hesse, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la razón y el instinto conviven en el interior de cada persona.
Por eso, intentar ocultar nuestra parte más oscura no la hace desaparecer, ya que siempre latirá en nuestro interior. En la misma línea se sitúa Jung cuando afirma que "uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad".
Por eso la propuesta de Hesse es completamente revolucionaria. El escritor alemán nos invita a integrar nuestras sombras, en lugar de eliminarlas. Solo quienes aceptan todas las partes de sí mismos pueden aspirar a convertirse en quienes realmente son, o como decía Carl Rogers, padre de la psicología humanista "solo cuando te aceptas puedes cambiar lo que no te gusta".
El coraje de romper el cascarón
No es casualidad que la influencia de Jung atraviese toda la novela. Ambos compartían la idea de que la verdadera madurez consiste en dejar de vivir según las expectativas ajenas para construir una identidad propia. Como escribió el propio Carl Jung, "quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta". Una frase que resume a la perfección el viaje de Emil Sinclair, el protagonista de Demian.
Porque el auténtico enemigo nunca es el mundo. Es el miedo a descubrir quiénes somos realmente. Salir del cascarón nunca resulta cómodo. Implica cuestionar las ideas con las que crecimos, revisar nuestras creencias, decepcionar expectativas ajenas e incluso aceptar cierta soledad.
Toda transformación exige renunciar a una versión anterior de nosotros mismos. Por eso Hesse afirma que, para nacer, primero hay que destruir un mundo. Y es que no podemos construir nuestra identidad únicamente sobre lo heredado.
Cinco claves para ser más auténtico
Pero, ¿cómo podemos romper el cascarón y ser nosotros mismos? Estas son algunas de las claves para vivir una vida más auténtica y feliz:
1. Cuestiona las creencias que nunca elegiste
Muchas de las ideas que nos sirven de guía en nuestras vidas no son realmente nuestras. Pregúntate qué valores has heredado y cuáles has elegido de forma consciente.
Muchas de las ideas que nos sirven de guía en nuestras vidas no son realmente nuestras. Pregúntate qué valores has heredado y cuáles has elegido de forma consciente.
2. Otorga espacio al silencio
Vivimos rodeados de ruido. Reservar momentos de introspección, lectura, escritura o meditación permite escuchar una voz que suele quedar sepultada por las opiniones de los demás.
Vivimos rodeados de ruido. Reservar momentos de introspección, lectura, escritura o meditación permite escuchar una voz que suele quedar sepultada por las opiniones de los demás.
3. Acepta tus contradicciones
No somos perfectos ni coherentes todo el tiempo. Integrar nuestras luces y nuestras sombras nos hace más libres que intentar ocultarlas.
No somos perfectos ni coherentes todo el tiempo. Integrar nuestras luces y nuestras sombras nos hace más libres que intentar ocultarlas.
4. Atrévete a cambiar
Cambiar de opinión, de trabajo, de proyecto o incluso de forma de entender la vida no es un fracaso. Es una señal de crecimiento.
Cambiar de opinión, de trabajo, de proyecto o incluso de forma de entender la vida no es un fracaso. Es una señal de crecimiento.
5. Elige ser tú antes que gustar a todos
La aprobación externa nunca puede convertirse en el centro de una vida. La autenticidad tiene un precio y es no agradar siempre. Pero también tiene una recompensa mucho mayor: vivir en paz con uno mismo.
La aprobación externa nunca puede convertirse en el centro de una vida. La autenticidad tiene un precio y es no agradar siempre. Pero también tiene una recompensa mucho mayor: vivir en paz con uno mismo.
♠
Tags
motivacion
