La cosificación


El gato, la mamá, el carro, la cámara, la esposa, el hijo, todos estos son sustantivos y son muy diferentes a decir Misifú, mi madrecita, o llamar al carro la Morita como le dice Yuli.  Al simplificar las ideas, al volverlas objetos casi inanimados pierden sensación, se vuelven cosas que son fáciles de desechar, se vuelven cosas que son fácilmente reemplazadas.

Y ahí, el egoismo cobra otra dimensión. En mi caso, por ser hijo único, el mundo giró, y de alguna forma, sigue girando en torno a mí.  Hago un esfuerzo por desprenderme de mi cosmovisión, por ver que los otros también miran el mundo del mismo modo en que yo lo miro.

En ese egoísmo, se vuelve triste ver que solo buscamos nuestro placer personal y no uno colectivo.  Somos cosas que llenamos un vacío y fácilmente reemplazamos y somos reemplazados, objetos de colección que quizás dejaremos huella... mejor no hacernos esa ilusión.

Cuando salgo del apartamento y me cruzo con un desconocido, dan ganas de saludarlo por mero respeto, pero me acuerdo que vivo en una ciudad paranoica y cada quien vive en su burbuja.  Obvio que toda regla tiene su excepción y hay que retornar a la era de comunidad, tampoco llegar a la extrema indiferencia.

El texto da para una charla larga pero por ahora es suficiente.

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