Era martes cuando miré por la ventana y vi que ya no estabas ahí. Culpé al Distrito por tomar medidas arbitrarias en contra de tu vida, pero no, fue la vida la que decidió que ya no debías estar presente.
Llevo más de 10 años viviendo en este barrio de Bogotá. He salido al parque que queda a menos de una cuadra, y aparte de caminar descalzo ahí, abrazaba a este árbol para meditar, para descargarme, era mi consejero, un aliado, un amigo.
El árbol cayó el sábado 28 de febrero en la tarde, llovió y hubo una fuerte ventizca y el árbol fue el único afectado. Cuando finalmente visité la zona del desastre, me dio una inmensa tristeza. Cuántos años tendría este árbol? No me es fácil contar sus anillos.
Lo curioso fue que meses atrás había soñado sobre la pérdida de este. El sueño no fue muy claro, pero recuerdo que fue un viento que me sacudió y me quitó algo que yo apreciaba. Honestamente creí que el sueño trataba sobre otro tipo de pérdida, la de un ser querido quien iba a irse o si un sufrimiento silencioso que cargo finalmente partía; y sí fue un ser querido, yo sentía que este árbol se alegraba al verme.
Ahora quedan los "restos". La raíz todavía tiene vida, los troncos fueron retirados para quizás terminar en una chimenea.
La vida sigue y ahora es aprender, o comprender lo que aprendí tras compartir con él. Independiente de que haya seres amados o conocidos en nuestra vida, todo es pasajero y él no fue la excepción. Pero a la vez, todo es eterno y depende de qué cosas uno guarda, alberga, o con qué recuerdo quiere uno quedarse.
(a modo de chiste, pocas a casi ninguna foto hice de él)
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